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adecuadamente. Esto implica asesorar a los padres en la...
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El TDAH tiene un componente genético importante, que
determina hasta el 75% del trastorno...
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El Trastorno por Déficit de
Atención/Hiperactividad (TDAH) es una afección
neurobiológica que se caracteriza por un nivel
inapropiado de inatención (concentración,
distraebilidad), hiperactividad e impulsividad que es
incoherente con el nivel de desarrollo del individuo y que se
produce en varios entornos de la vida del niño: en la
escuela, en casa y en contextos sociales.
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TDAH no es un retraso mental ni falta de inteligencia. Esta idea falsa ha surgido porque las dificultades atencionales pueden incidir negativamente en el rendimiento académico. El TDAH puede darse en personas de cualquier nivel de inteligencia.
TDAH no es:
No. El TDAH fue descrito por primera vez en una publicación científica en el año 1902, no mucho después que trastornos como la Esquizofrenia o el Trastorno Bipolar. Existen además, en la literatura no científica, descripciones de niños que se corresponden con lo que hoy denominamos TDAH desde mucho antes.
El TDAH es un trastorno médico y está
oficialmente reconocido por Instituciones (OMS, APA, AACAP,
NICE) y expertos médicos.
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El TDAH es el trastorno neurobiológico
más común en niños. Se estima que entre
el 3 y 7% de la población infanto-juvenil la sufre, lo
que equivale a uno o dos niños por aula.
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En la población pediátrica, se identifica el
TDAH más en varones que en mujeres. La mayoría
de los expertos creen que se comunica una incidencia mucho
menor de TDAH en niñas y mujeres adolescentes porque
las niñas tienden a sufrir el subtipo con predominio de
inatención y es el subtipo hiperactivo (y la
perturbación asociada) el que llama la atención
de los adultos y precipita la derivación del paciente
para ser valuado. Por tanto, la relación de varones a
niñas con un diagnóstico de TDAH es de
más o menos 4:1 en la población general.
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No, el TDAH es un trastorno complejo, cuyos
síntomas están presentes en muy distinto grado
en cada persona. Además, las consecuencias que estos
síntomas pueden producir en un individuo son influidos
por aspectos ambientales y personales.
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El TDAH tiene un componente genético
importante, que determina hasta el 75% del trastorno. Para
hacerse una idea, la heredabilidad de la depresión es
del 39%, la del cáncer de mama, del 27% la de la
altura, del 93%. Sin embargo, los factores biológicos
no genéticos y ambientales juegan también un
papel importante en su desarrollo y, sobre todo, en la forma
de manifestarse. Aunque su presencia en algún miembro
de la familia es un factor de riesgo para los descendientes,
no todos los niños con TDAH tienen antecedentes
familiares.
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Se estima que más del 80% de los niños que
presentan el trastorno continuarán padeciéndolo
en la adolescencia, y entre el 30-65% lo presentarán
también en la edad adulta. Sin embargo, las
manifestaciones del trastorno irán variando
notablemente a lo largo de la vida. Sólo un buen
tratamiento podrá mejorar el comportamiento
hiperactivo.
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No, dado que en gran parte, sus comportamientos dependen de
los síntomas del trastorno y de su dificultad para
retener lo aprendido y aplicar los aprendizajes (incluidos los
de normas de conducta). Es evidente, entonces, que sus
conductas negativas no son intencionadas.
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No, de hecho, se ha demostrado que el castigo sistemático es absolutamente ineficaz y perjudicial en la educación de los niños con TDAH. Estos niños tienen dificultades para retener y aplicar lo aprendido; esto no sólo ocurre en el ámbito académico, sino en general. Al niño con TDAH le cuesta entender lo que se puede o no se puede hacer; por ello, los castigos parecen ineficaces. En la mayor parte de los casos, les supone una forma de represión injusta que les incapacita para aprender las normas de comportamiento.
Por otra parte, su propia inquietud es muchas veces
confundida con una mala conducta, lo que lleva a castigarle en
exceso sin motivos reales, creando un acostumbramiento al
castigo. Además, los comportamientos positivos muchas
veces pasan desapercibidos, dando al niño la
sensación de que sólo se le presta
atención cuando se porta mal (de ahí que su
comportamiento negativo pueda percibirse como 'una llamada de
atención').
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El TDAH supone dificultades en muchas facetas del desarrollo normal del niño. En el niño con TDAH existen alteraciones que producirán un rendimiento académico pobre, asociado a una baja autoestima, alteraciones emocionales y problemas en la integración social.
Si bien estos síntomas no suelen incapacitar a los
niños con TDAH a alcanzar ciertas metas
profesionales, éstos suponen verdaderas limitaciones
con el paso del tiempo: en el rendimiento escolar, en las
relaciones interpersonales, en el desarrollo de la
personalidad.
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No, los padres no tienen la culpa. No acepte nunca que nadie
le culpe de la enfermedad de su hijo, como tampoco se debe
culpar si su hijo tiene diabetes o epilepsia. El TDAH
no se produce por desacuerdos entre los padres, ni siquiera
por separación o divorcio, ni por el nacimiento de un
hermano menor, ni porque la madre o el padre se ponga a
trabajar, o porque trabajen mucho y pase poco tiempo en casa,
ni por tener niñera, ni porque le cambien de colegio,
ni porque le cuiden sus abuelos. No se culpe por la enfermedad
de su hijo y no deje que nadie lo haga.
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La presencia de enfermedades coexistentes o adicionales en relación con el diagnóstico inicial. Volver al índice
Sí. Las comorbilidades más comunes en niños y adolescentes con TDAH incluyen:
Estas conductas son muy frecuentes en los niños con TDAH (son desobedientes, contestan a los adultos, parecen no escuchar cuando se les manda hacer algo, discuten o interrumpen con frecuencia). Esto se debe a que estos niños tienen dificultades para percibir su propia realidad y la de su entorno, lo que provoca que se sientan incomprendidos y 'reprimidos' ante cualquier intento de corrección.
Sin embargo, las conductas oposicionistas y desafiantes no
siempre están presentes.Un niño sin TDAH
también puede presentar este tipo de conductas (aunque
con mucha menos frecuencia).
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Los niños con TDAH experimentan muchas
dificultades para concentrarse y prestar atención; se
aburren fácilmente y no terminan sus actividades
correctamente. Esto hace que su rendimiento en clase sea menor
de lo esperado con respecto a su capacidad intelectual.
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El niño con TDAH no puede dejar de serlo, dado que no se puede hacer que desaparezcan las causas de su trastorno (una alteración evolutiva que afecta a la maduración de algunas de sus funciones mentales y a su desarrollo). Sin embargo, es posible mitigar o eliminar las consecuencias negativas o síntomas que produce este trastorno.
Un buen tratamiento, aplicado desde muy temprana edad, puede
evitar los déficits en las capacidades afectadas por el
trastorno y en el proceso de aprendizaje, que interfieren en
la maduración del niño. En la mayor parte de los
casos "dependiendo del tiempo de evolución del
trastorno sin tratamiento", se pueden evitar las limitaciones
en el rendimiento escolar, en la percepción de
sí mismo y del entorno, el desarrollo de la competencia
social, etc.
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Existen varios factores que ayudan a una buena evolución del trastorno:
Por el contrario, los siguientes factores pueden empeorar el pronóstico de TDAH:
El adolescente con TDAH que no reciba tratamiento durante la infancia tendrá unos síntomas más marcados y podría mostrar otras alteraciones asociadas, como :
Una mayor dificultad para comenzar o llevar a cabo un
tratamiento. Por todo ello, una detección precoz es
fundamental ya que esto posibilitará que los
síntomas puedan paliarse o disminuir con el tiempo,
permitiendo que el niño desarrolle plenamente todas sus
potencialidades; Por eso, es muy importante entablar una buena
relación entre el niño y el médico.
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Conocer el problema para poder comprender e intervenir adecuadamente. Esto implica asesorar a los padres en la derivación del niño a un especialista adecuado y comprender las necesidades específicas del niño.
La colaboración entre colegio y familia es fundamental
para un tratamiento efectivo. En muchos casos, el niño
necesitará una valoración pedagógica que
determine sus necesidades académicas, así como
un plan de intervención escolar personalizado. Por otra
parte, el profesorado debe informar a los padres a lo largo de
todo el curso escolar, intercambiando información y
experiencias, fomentando la colaboración entre la
escuela y la familia.
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Cuanto más sepan, lean y pregunten sobre el TDAH,
mejor podrán los padres y familiares ayudar al
niño. Deben buscar un médico para que
evalúe y trate al niño, un médico que sea
experto en niños con TDAH y que tenga tiempo y
paciencia para seguir al niño a lo largo de la
enfermedad .Un médico que esté disponible.
Además, los padres pueden: definir reglas claras de
consecuencias y premios para ciertos comportamientos, ayudar
al niño a terminar una tarea o encargo
dividiéndolo en pasos menores, aumentar la estructura y
el orden en casa, establecer rutinas estables y predecibles
para estructurar el tiempo, eliminar ruidos y distracciones,
modificar la conducta del niño, motivarles, establecer
medidas adecuadas de disciplina para que el niño
entienda las consecuencias de saltarse las normas.
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Los niños con TDAH tienen problemas para concentrarse
y atender, y para controlar su comportamiento, porque su
cuerpo quiere moverse mucho. Existen algunas medidas generales
que ayudarían al niño en sus actividades de la
vida diaria, tales como: mejorar su concentración,
dejar la ropa del colegio y la cartera preparada la noche
anterior, para no hacerlo con prisas por la mañana. Es
bueno dormir lo suficiente para concentrarse mejor al
día siguiente. Debe tomar un buen desayuno y en el caso
de que el médico haya iniciado algún
medicamento, tomar su medicación por la mañana
para poderse concentrar y tener energía. Puede hacer
una lista de estas cosas para acordarse.
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Se produce cuando el efecto del medicamento es sólo de
unas pocas horas, a veces deja de hacer efecto al final del
día y el niño vuelve a tener los síntomas
por la tarde o por la noche, notándose un claro
empeoramiento. No es que el niño esté peor, sino
que deja de repente de estar bien, y la diferencia se nota
mucho.
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Se estima que más del 80% de los niños que presentan el trastorno continuarán padeciéndolo en la adolescencia, y entre el 30-65% lo presentarán también en la edad adulta. Sin embargo, las manifestaciones del trastorno irán variando notablemente a lo largo de la vida. Sólo un buen tratamiento.
Muchos de los adultos con TDAH han compensado sus
deficiencias y han aprendido a controlar las consecuencias
negativas, que no constituyen un impedimento importante en el
desarrollo de buena parte de su actividad. Sin embargo, otros
no han desarrollado adecuadamente algunas de las facetas
básicas de la persona, sufriendo trastornos de la
personalidad, alteraciones emocionales graves, problemas
afectivos o laborales, mayores tasas de accidentes de
tráfico, dificultades en las relaciones sociales...
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Las estimaciones actuales sitúan la prevalencia
entorno a un 4%. Algunos de los síntomas y alteraciones
asociadas con el TDAH se mantienen a lo largo de la vida del
paciente.
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